Desde hace meses es un tema candente en la red. He participado en varios fotos pero no tengo una postura clara al respecto. Resulta más fácil opinar en base a unos argumentos sólidos y optando claramente por una postura ante un choix cornélien y, sin duda, uno se encuentra más cómodo en un terreno fácil de transitar. De ahí mi renuencia a postear sobre el tema, que finalmente no me decido a soslayar.Voy a ir presentando una serie de ideas, opiniones e interrogantes que me surgen con este tema, a riesgo de que el post quede deshilachado.
* Algo que siempre me ha parecido curioso es el tema de la propiedad intelectual. Aunque conozca el origen del copyright en el Estatuto de la reina Ana (1710), siempre me ha parecido una tomadura de pelo y algo que se ha mantenido durante tanto tiempo, más por los ingresos que genera que por ser algo "que siempre ha existido". Yo me pregunto:
¿Sólo la propiedad intelectual es la que genera derechos de autor?.
Yo respondería que no y recurro al siguiente ejemplo:
¿Acaso se paga por utilizar una obra de ingeniería, sea un aeropuerto, un puente o similar? El arquitecto o el ingeniero que los realiza ha cobrado por su trabajo, pero sólo en una ocasión, no va a recibir nada porque millones de personas utilicen su obra (o inclusen admiren, por darle el carácter estétido que tienen las obras intelectuales).
Sí, pero nadie va a copiar esa obra, pueden replicarme. Es algo relativo. Sin duda es más fácil "copiar" un texto, plagiarlo y hoy día en Internet "coger por la cara" cualquier cosa que se te antoje. Pero estoy segura que si Norman Foster detectara una similitud entre su HSBC Tower (un rascacielos bastante sobrio que no destaca a primera vista por un elemento identificador) y otro edificio, denunciaría al estudio de arquitectura que fuera.
Así que por muy extraña que parezca mi postura, sobre todo porque soy bloguera y por tanto produzco textos (en teoría, soy consciente de que me ha quedado muy ampuloso eso), no entiendo que se le pague a un autor el resto de su vida por utilizar su obra. Y mucho menos que ese derecho se herede. ¡Es el colmo!. Si ya el derecho de autor propicia la holgazanería (qué suerte tengo de vivir a costa de aquello que hice hace años), la transmisión de ese legado encumbra el sino que hay en tantas vidas (qué suerte que mi tatarabuelo escribió aquello que todavía se lee aunque no sea mi caso).

* También me llama la atención, y desde pequeña (ya saben que me es inevitable mirar atrás) la gratuidad de algunos objetos como la tele. Con el tiempo supe que no era mi padre el que pagaba una cuota (con la factura de teléfono ya tenía bastante entonces) sino el Estado y la publicidad los que costeaban las cadenas de televisión. Y desde mi ingenuidad pensaba, si cuando compramos un aparato de televisión no aportamos nada y los fabricantes no son los de la cadena, ésto sale gratis. De hecho, en los primeros años de la Televisión en España, sí se pagaba una cuota que más tarde se suprimió. Creo que en Gran Bretaña sí se paga pero desconozco el tema. Aunque algo sí pagamos: cuando compramos un televisor en el precio va incluido una cuota.
Pues eso, estamos acostumbrados, para bien o para mal, a encender la tele o darle al mando creyendo que lo que vemos se nos da gratis como el maná del cielo. No reparamos ni en la factura de la luz.
No obstante, eso mismo es lo que ocurre con Internet. Cuando decimos que vemos pelis gratis es falso. A mí me sale a 43.65 euros al mes (sí, ya sé que pago más que nadie) las descargas de películas, series, música, libros y programas que hago. Pero cuando navegamos por la red tenemos la misma sensación que con la tele, que es algo que se nos viene dado y que lo usamos sin complejo y a nuestro antojo. No quiero parecer más rara de lo que soy, pero yo he tenido mis cuitas morales cuando he visto un estreno desde Cinetube y no he ido a cine. Mi hermana, que a legalista no le gana nadie (y no sólo por su profesión) me echó una bulla cuando le pasé el Cardio de Miguel Bosé en un Cd virgen. Para ella eso es robar. Para mí no lo es, pero sí me paro a pensar si afecta eso a la industria y al empleo (pregunta que siempre me ronda cuando salgo del Corte Inglés del Duque y paso por la sesión de discos, desde hace años, vacía).
En el Fotogramas de este mes, la firma invitada corresponde a un abogado que está al frente de la Federación para la Protección Intelectual. Con esa presentación, no hay duda de lo que va a decir pero es que mientras leía el artículo, apocalíptico a todas luces, me entraba tal congoja que acababa pensando que cada vez que le doy al play de VLC para ver Cómo conocí a vuestra madre estaba firmando la carta de despido de un pobre desgraciado. Desgraciado, no porque tuviera una birria de contrato o de sueldo sino porque los malos internautas eran quienes lo mandaban al paro.

* Un viernes vi a unos chavales de botellona en la Plaza Padre Jerónimo de Córdoba. Eran pocos pero allí estaban los canis con litronas, los móviles reggaetoneando y haciendo el bulto en los columpios. Miré con desaprobación aquello porque es la primera vez que les daba por irse allí. Hace unos años el Ayuntamiento se gastó un dineral en arreglar el mobiliario irbano y los azulejos de la plaza Cristo de Burgos. Lo hacía después de una década de botellona. Y la emblemática Plaza de España, va por su tercera recuperación urbanística (menos mal que no voy a tener niños, ¿a dónde los llevaría un domingo?). Como en tantas cosas, se espera a que se la situación se desmadre, se haga insostenible y/o cause algún desperfecto para poner remedio.
Yo conozco desde hace muy poco las páginas de descargas. En la actualidad no concibo Internet sin ellas por lo que hubiera preferido que las suprimieran hace ya tiempo. Pero, por qué hay qué suprimirlas.
Éste es el quid de la cuestión.
Pienso que el masivo uso de Internet en los últimos años, no sólo cuantitativamente sino alcanzando a sectores de la sociedad que por estatus, formación, edad o cualquier otra índole personal no se hubieran relacionado con esta tecnología, ha destapado el afán lucrativo de grandes empresas de los medios de comunicación. Internet está perdiendo el carácter aparentemente gratuito que siempre tuvo. Y es algo que no entiendo. El que evolucione hacia una especie de club de pago, no habiendo nacido con esa idiosincrasia y todo se deba a que los que ya de por sí están forrados pretenden aumentar sus emolumentos sacando partido de un inventotecnológico que ni siquiera es suyo. Puestos a pagar, prefiero costear un monumento a Tim Berners-Lee.
Y a ello se suma, el apoyo de los gobiernos a esas pretensiones demonizando a los ciudadanos internautas. Es consecuencia del Capitalismo que el poder gubernamental se alíe con los agentes económicos del sector de la cultura pero debe ser una consecuencia de la Democracia que los millones de ciudadanos anónimos decidamos de común acuerdo que es lo que queremos y que nuestros representantes legítimos actúen en consecuencia. Es una utopía, lo sé, pero más surrealista me parece que un juez se encargue de enchironar al que hace descargas en Intenet. Y sí prescindimos de la figura judicial y pasamos al acoso y derribo directo de la Administración, eso ya es de república bananera. Y de eso trata la ley Sinde.
No sé si les ha llegado un correo que pone distintos ejemplos de penas en este país. Todos los ejemplos vienen a decir que hagas lo que hagas, hasta matar a una ancianita desvalida, no será peor que intercambiar un archivo en la red. Cabe preguntarse:¿Descargarse la 6ª temporada de Mujeres desesperadas es lo mismo que robar ese pack de la Fnac?
Si hago lo segundo, cometo un delito y perjudico económicamente al propietario (por no hablar de los daños colaterales que pesen sobre los empleados). ¿Qué pasa con lo otro?
¿Es un delito? ¿Se perjudica económicamente a la productora?
A lo segundo, respondería que sí. A lo primero no me resulta tan fácil contestar. Si eso no es mío, no debo cogerlo, aunque me llegue a través de otros (de lo contrario, la Panto sería inocente de que un alma caritativa le ingresara dinero en su cuenta).
Así de simple.
* Yo no podría vivir sin Internet. Me declaro absoluta fan del mismo, cada día me gusta más y confieso sin pudor que muchas horas de mi ocio giran en torno suyo. Cada uno es libre de hacer el uso que quiera de Internet. De igual modo que veo Sé lo que hicisteis a la hora que echan Sálvame, me descargo pelis y no videojuegos. El uso que le doy a Internet es de ocio pero lo que recibo del mismo es mucho más que entretenimiento. Los productos que me descargo de Internet pertenecen a la Cultura y por eso mismo no debería reprobarse y mucho menos prohibirse ese uso. Montgomery Clift sólo hizo 17 películas pero no todas están a la venta. Gracias a las descargas de Internet, las he visto y las guardo. Y así podría poner miles de ejemplos. Y sí se trata de dar las gracias, también la hago extensiva a esos cybersamaritanos que suben los archivos. Porque todo lo que se baja, se ha subido y yo, debo reconocerlo, no he subido ninguno. Por pereza, desconocimiento o lo que sea, pero no lo he hecho y otros se han toamdo su tiempo y molestia desinteresadamente. Hay hasta un tal Juanito al que tendremos que sobornar en un mundo Sinde..¿Y qué me dicen de la posiblidiad de ver películas y series en VO? Es la mejor forma de practicar el actual English y no ver cosas tipo curso beginners como John Smith gets up at 7 a.m. He works in an office and he has lunch at 12 a.m.
Parto de la premisa de que la Cultura no es gratis. Es precisamente lo que más alegan los que defienden el uso libre de descargas. Y yo ahí difiero enormemente. Todo tiene un coste en esta vida, distinto es que el coste no recaiga en ti. Ver la tele no es gratis y usar Internet tampoco lo es. Sí resulta indignante que España tenga las cuotas de Adsl más altas de Europa y que el gobierno no haya movido un dedo.Por cierto, qué pasa con Youtube. Debería cerrarse o dejarse sólo como la cyberversión de Videos de primera. Pero lo mismo pasa con los medios de comunicación o prácticamente con cualquier web. Yo compro el Fotogramas (y no en versión pocket) porque me gusta mucho la revista, ojearla, leerla y algunos números hasta los colecciono. En cambio hay semanas que no compro el ¡Hola! pero no dejo de pasarme por su web.
Todo lo que existe en Internet es copia. Porque el original no existe en la red sino en manos de su propietario o del servidor. Las fotos, los textos, las imágenes, las películas, las canciones. Todo lo que vemos en Intenet es "copia de". Esto lo ha escrito en su nuevo libro Enrique Dans, conocido gurú de las nuevas tecnologías. (Por cierto, aprovecho para recomendaros el entretenido blog televisivo de su mujer Chica de la tele). Yo misma acabo de reproducir una idea que no es mía. Por honradez intelectual (algo que escasea entre los ávaros propietarios de intelectualidad que no de cultura) y por cortesía, cito las fuentes. En mi blog tengo el llamado Creative Commons que equivale a que cualquiera puede coger lo que pongo (includo modificándolo) pero citándome. Por eso me molestó profundamente cuando en un ocasión vi un texto de mi blog sobre MC copiado alegremente en un post. Insisto en que la clave es citar o pedir permiso. Pero la libre distribución de contenidos es una riqueza cultural que no debería frenarse ni impedirse. El propio Dans es autor de numerosos libros y su postura me recuerda a la de tantos músicos, cineastas, escritores, que siendo autores y creadores están a favor de una libre distribución de sus creaciones. La idea de empecinarse en que lo mío es original y sólo vale eso, me parece cuánto menos ridícula. Ya los griegos supieron darle más importancia al cómo se contaban las cosas que a qué se contaba.Se trata de que la cultura llegue a cuantas personas sea posible y no se quede en un reducido círculo. En definitiva, ¿qué autor quiere tener un público de 3 gatos?. Joe Strummer consiguió sacar un álbum al precio de un sencillo porque muchos de los seguidores no se lo podían permitir. Pero la cuestión es que les llegara a ellos su música.
Pues a través de Internet me llega el cine, la televisión, la música y los libros que me gustan.



































Luego el





















