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Una canción

martes, 9 de diciembre de 2008

El año que vivimos la crisis (y 3ª parte): Mis ganancias

En mi familia, muy real como todas a diferencia de la irreal que no vivirá la crisis hasta que Leonor trabaje de corresponsal en Londres, vivimos una particular crisis económica que como toda penuria quedó grabada en mi memoria cual infante dickensiano.

Recordarán que primero conté cómo mi padre decidió cambiar de trabajo, lo cual le fue bien y que luego tuvo la ocurrencia de recortar gastos con el autobús escolar, lo que no salió tan bien.

Leer 1ª parte y 2ª parte.

¿Ya estáis de vuelta? Este es el desenlace de aquellas vicisitudes críticas que vivimos a mediados de los 80 y que provocó unos cambios de conducta sorprendentes en mí:

***

Por aquella época almorzábamos mi madre y yo, porque mi hermana ya estaba haciendo Bup en otro colegio y mi padre rara vez estaba en casa al mediodía entre semana.

- ¡Chica, lávate las manos y ven a comer!
- ¡Vooooy!
- Ya estamos con el voy, ven enseg...

Yo aparecía por la cocina donde ya estaba la mesa desplegada. Durante media hora estaba parloteando contándole a mi madre las ocurrencias del día o poniéndole la cabeza como un bombo como ella decía gesticulando con los brazos abiertos.

- Luego me cuentas lo de T. M. (T. M. era mi mejor amiga, solía llamarla con el primer apellido incluso cuando charlaba con ella). Termínate las papas revueltas.
- Es que no tengo más ganas.

Mi madre observaba asombrada que en días que había mi comida favorita como aquel, puchero y patatas revueltas con huevo, comiera tan poco.

- ¿Te duele el estómago?
- No
- ¿La barriga?
- No

Durante años no entendí aquella absurda diferencia. Mi madre estaba a punto de ponerme el termómetro pero viéndome tan sonrosada y con aquel aspecto tan feliz, no parecía estar mala. Cuando me levanté de la mesa reparó en el pichi del uniforme.

- Ese uniforme se te ha quedado chico.

Yo me encogía de hombros despreocupada y salía de la cocina.



Mi padre siempre tuvo un horario flexible y entre semana solía acordar con mi madre ir a algún sitio a lo que yo me apuntaba.

- Chica, ¿te vienes con nosotros que vamos a comprar unos muebles?
- Tengo que hacer los deberes.

Luego venían los sábados que era el día de compras por excelencia.

- Venga Virlli recoge la mesa que nos vamos.
- Ofú, yo tengo que hacer los deberes
- Luego lo terminas
- Deja que se quede mamá - intervenía mi hermana- yo hasta las 8 no voy a salir.

Aquella tarde de sábado me la pasé encerrada en la salita. Normalmente era así pero con mis cosas y más de una vez simulaba estar estudiando pero en cuanto se iba alguien sacaba un libro de la estantería o me ponía a hacer pulseras de trencitas. Pero en estas coasiones, por mucho que se asomara mi hermana con ganas de descubrirme o avisándome de algo de la tele, siempre me encontraba enfrascada.

- ¿Tienes examen el lunes?
- Sí, y dos trabajos que entregar.
- ¿También el lunes?
- No, son para la semana que viene, pero así me los quito de enmedio.

Mi hermana hacía una mueca burlona ante una pequeñaja de 4º de Egb. Reparó entonces en una tablilla de madera que tenía en el suelo con el mapa de Andalucía, sus ciudades, ríos y montañas, en plastilina.

- Te ha quedado muy bien. Pero, ¿por qué pone aquí R.S.L.?
- ¡Huy! Se me ha olvidado poner mi nombre también.
- ¿Te ha tocado hacerlo a ti todo?
- No, ¿no viste ayer que estaba a medio hacer? Pero quiero que quede bien y sacar buena nota.



El domingo por la noche antes de irme a la cama, solía dejar la maleta escolar en el recibidor. Era una bolsa de tela de flores del campo, muy bonita. Por entonces no usaba mochilas, mi madre las consideraba de niños. Al día siguiente mi madre al darme el bocadillo del recreo me preguntó qué era ese bulto que sobresalía de una bolsa de plástico.

- Es un trabajo de plastilina.
- Me refiero al estuche, ¿por qué no lo guardas en la maleta?
- Es que no me cabe.
- A ver que te ordene yo la maleta. ¿Y este otro estuche?
- El que me regalaron por la amiga invisible.
- ¿Pero no te había tocado una libreta de Kitty?
- Nooo, eso fue a T.M. Nunca me escuchas mamá -replicaba yo haciéndome la ofendida.



Un día de repente traje una nota de la profesora con una cita para mis padres. Yo me imaginaba ya de qué se trataba. A la señorita no le había parecido nada bien a lo que me había dedicado en los últimos meses.
- Resulta que le ha hecho los deberes y los trabajos a varias compañeras. A cambio, éstas le daban chucherías pero algunas le han dado cosas como estuches o libretas y una hasta la pagaba con dinero.

Mi madre puso el grito en el cielo y mi padre lo considero una travesura. Cuando me preguntaron que por qué diantres había hecho tal cosa, cuando no me faltaba de nada, lo cuál era verdad, les dije que era para ahorrar.

Pero en el fondo, recuerdo cuánto disfruté con aquella faceta mía de comerciante. La idea se me ocurrió un día en el recreo en que vi a dos compañeras pasándose los cuadernos de mates. Yo era la empollona de la clase así que los tenía bien resueltos. Les pareció fantástico que quisiera dárselos. Pero yo no lo hacía en plan caridad. Les pedí una bolsa de kikos a la salida del cole y aceptaron. Luego vinieron los trabajos de Sociales para el día de Andalucía y mi madre acabó descubriendo una libretita donde yo había anotado minuciosamente el nombre de las niñas, los encargos que les hacía y lo que me daban (chucherías, un estuche, bolis chulos y hasta un SúperPop descubrió horrorizada), todo en plan muy contabilidad de mafiosos. Dejé de traficar con los deberes hasta que en 7º volví a las andadas vendiendo mapas mudos que me fotocopiaba mi padre.


11 Comments:

Luismi said...

bendita infancia :)

jajaja, eso de la traficante de deberes es una pasada xD

yo también pensé en hacer eso en primaria, pero si lo hacía no me quedaría tiempo para jugar a la gameboy xD

a saber si aún traficarás... lalala...

Io said...

Me partoooooo!!!!

Es genial, me recuerdas a mi hermana, que invitaba a los niños del barrio a ver la tele en mi casa (que éramos de los pocos que tenían tele) y les cobraba una peseta a cada uno.

Aunque ella no llegó a llevar un "mafioso" libro de contabilidad, ja,ja,ja.

Enhorabuena por la entrada!

Y gracias por estas risas.

Un besazo.

Adolescente18 said...

Que aplicada era Zinquirilla en su infancia, todo el día con los estudios de por medio xd

Besitosssssssss

Zinquirilla said...

Pues sí Luismi, ¡bendita infancia! aunque la tienes próxima. Yo como soy una nostálgica empedernida no hago más que recordarla y revivirla. De hecho, me acabo de percatar que hay un paralelismo entre infancia/década 80 y adolescencia/década 90: no hago más que mitificar una e ignorar otra.

Hoy día no trafico con los suspensos que pongo, hay que mantener la reputación de exigente que me granjeo :D

Io si has echado unas risas a costa de mis paridas de chica, me alegro. Lo de tu hermana es todo un puntazo también ;-), hacía muy bien en cobrar entrada a la tele (mi madre también recuerda que los vecinos no dle dejaban verla).

Adolescente18 como ya digo en el post, fui una empollona. Los estudios han sido primordial en mi vida. De hecho, me gustaba ir al cole y estudiar, siempre fui un bicho raro, jeje.

Lorelai said...

Zinquirilla, porque hay que salvar Santa Catalina de la ruina, no la arreglan sus dueños?

Zinquirilla said...

La parroquia de Santa Catalina fue declarada Monumento Nacional en 1912. Es el Estado quien debe hacerse cargo de su restauración, además de sus feligreses, entre los que me incluyo.

José GDF said...

De tal palo tal astilla, dicen...

Has sacado el arte de los negocios de tu padre, ¿eh?

Y encima, como hacías los deberes a los demás, te preparabas aún más tú misma para los exámenes.

Bonita historia.

Sabor Añejo said...

Si es que hay que ganarse la vida como sea. Tú desde luego ya eras muy astuta en esa infancia que tanto recuerdas.
Que bonito es que las cosas que hacemos de pequeño no llevan maldad ninguna.
Con la crisis de ahora, no se yo bien si lo que haga no irá con algo de malicia.

Un abrazo

maria jesus said...

Ja, ja,ja, eras genial y empollona, al menos, a fuerzan de hacer deberes llevarias las asignaturas bien aprendidas. Un hijo mío cobraba por comerse las verduras en el colegio, ese era menos intelectual.

Francisco Palacios said...

Gracias por tu visita a mi blog. No he recibido ningún mail tuyo, pero como pones el banner en tu blog supongo que quieres participar en los Premios Blog de Navidad. Así que te insctibo -bueno, ahora estoy cenando, en cuanto acabe subo una imagen de tu blog-. Suerte.

Un abrazo.

Zinquirilla said...

Jose GDF, eso dice el refrán, jeje. Y es curioso como enlazas el desenlace con el principio de la histopria, ni yo mima había reparado en eso.

Sabor Añejo creo que fui una niña ocurrente y bastante imaginativa, por eso saqué unas chuches, que tampoco fue tanto la cosa :D

María jesús empollona lo fui siempre (la prueba está en las notas: aún guardo boletines y exámanes)pero hacer los trabajos me ayudó sobre todo a desarrollar la imaginación que decía antes, para que los trabajos no parecieran iguales.

Francisco Palacios gracias por la visita. Te contesto en tu blog.

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