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Siempre recibimos cuando damos.

Una canción

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Una noche grillada

Anoche estaba cenando en mi cuarto mientras veía una película de Cary Grant. De repente oí un ruidito, una especie de pitido pero me parecía un sonido metálico. No era el ordenador desde donde veía la peli. El ruido cesaba y volvía a aparecer cuando apagaba la lamparita de noche. Miraba la cabecera de la cama con las medallas y rosarios que tengo colgados pero no hacían ese ruido.

Noté un crujido similar cuando ahuecaba la cama. Creí que me había dejado algo entre las sábanas el pasado domingo cuando hice la cama, aquello sonaba a cremallera y no vi nada, mullía el colchón con la mano y me sonaba casi a cascabeles. Me preguntaba si tanto ruido haría la cremallera del cubrecolchón o es que allí dentro se habría escurrido alguna pulsera o cualquier adorno mío.

Seguí disfrutando de la película cuando oi un rasguido que me era familiar. Me quedé petrificada mirando el cajón de madera del tambor de la persiana. La ventana de mi cuarto es de marcos de madera. El antiguo vecino del 1º cambió las ventanas y balcones de madera por modernas celosías de aluminio lacado. Me gustó cómo quedan pero mis ventanas y balcones me siguen pareciendo encantadores aunque la madera no sea el mejor material para limpieza y conservación. De hecho ahora mismo tenemos estropeadas las del salón y las de mi cuarto y esta semana teníamos pensado llamar al persianero. Para redundar en la dejadez (especialmente en mi caso, porque mi padre ya está cansado el pobre de decir que venga el hombre y yo lo pospongo porque no tengo tiempo), la del salón no se puede bajar por lo que se ha quedado arriba del todo, en cambio la mía se ha roto por la mitad y yo la movía manualmente a mi antojo hasta que la dejé en una posición intermedia y ahí se ha quedado torcida.

Con la vista fija en el tablón de madera me di cuenta de que por un lado se había desprendido y que por otro, estaba abriéndose la pared. Sabía qué significaban aquellos ruiditos, aquellos arañazos al otro lado del panel de madera, aquel sonido metálico ahogado por el poco espacio que habría y por las ansias de salir. Era exactamente el mismo caso que había ocurrido en la academia un verano de hace unos años. No apartaba la vista del resquicio y el miedo ya se había apoderado de mí. Aquello iba a salir de un momento a otro y fui yo la que salió despavorida del cuarto.

- ¡Papá, papá, hay un grillo en mi cuarto! - fue mi sos de móvil
- ¿Y qué quieres que haga?
- Papá, ven por favor, está en mi cuarto.
- Si entra no hay ná que hacer, se esconden en cualquier sitio.
- Papá, está cantando, lo he oído perfectamente.
- Pues mátalo, dale con el zapato.
- ¡No puedo, papá, es superior a mis fuerzas, ven por favor!

Me senté en el salón a oscuras. Pasaban los minutos y mi padre pasaba de mí siete pueblos. Al buen rato me asomé a mi cuarto. Había escuchado cómo se rasgaba la pared y algo caía. En ese momento el bicharraco pasaba por la mesa y le perdía de vista tras el cesto de la ropa sucia.

- ¡Papá, papá, lo he visto, está en mi cuarto, lo he viso pasar por la mesa!
- Bueno, pues déjalo.
- Papá, por favor, ven cuando pueda.
- Bueno voy para allá, pero estoy lejos.

No tengo ganas de leer, ni de ver la tele. Me asomo al balcón del cuarto de mi padre y miro a un extremo y otro de la calle. En realidad mi padre aparecerá por el callejón de Don Gato que no se ve desde allí. La idea de no poder vivir sola el día de mañana m atosiga. Da igual que no sepa cocinar, que me lleve mal con el vecino, que me gaste los talegos en un fontanero o un electricista para cambiar la ducha o arreglar un enchufe. En noches como esta en que hay un grillo en mi cuarto y que el miedo me impide acostarme, mis ansias emancipadoras se ven reducidas por el pusilanismo de no poder o no saber afrontar la situación. Soy de los que piensan que todo tiene solución menos la muerte y que el resto se arregla con dinero. Por eso, mientras observaba a la pareja de chicos que comparten casa enfrente mía (deben ser majos por el estilo de vida que llevan pero no nos hemos cruzado un hola) se me ocurrió lo que haría, descartando cosas como pegar un chillido. Aunque siempre seré la loca que no entra en su casa.

Saldría a la calle. Uhm, ¿en pijama? Porque tenía acceso a las llaves pero me encontraba con el famoso conjunto amarillo. Bien, sí saldría porque me quedaría en el portal. Pararía a un grupo de personas. No puede ser un hombre sólo o dos muy jóvenes o una mujer sola. Un grupo mixto de 3 ó 4 jóvenes como vi anoche pasar por debajo del balcón. Les preguntaría si quisieran ganarse 5 euros. Y les pedriría por favor que subieran a matarme al grillo en mi cuarto. Otra posibilidad sería esperar a que el bar de la esquina cerrara y pedirle el favor al muchacho, a cambio de pasarme al otro día y cenar allí. ¡Qué ideas más descabelladas y estrafalarias, verdad? Pensé en mi hermana. Ella se acostaría y si viera al bicho pues le daría un pisotón. Cro que mi madre haría lo mismo cuando ambas no son especialmente valientes o arrojadas. El miedo es tan personal. Yo no entiendo que mis amigas hayan tenido miedo de ir en bici por la calzada y allí estaba yo, con mi miedo iracional y paralizante. Me acordé de mi amiga A. y del otro A. ¿La amistad significa acudir a la llamada de ayuda sea cuando sea? Yo respondería afirmativamente pero mi forma de actuar impulsiva y peliculera no se corresponde con la del resto.

Lo de no poder vivir sola es algo que me fastidia. Con los años hay momentos en que me apetece convivir con alguien. Mi pareja tendría que quererme a horrores para soportar paridas nocturnas como esta que cuento pero a mí me gusta estar sola. Estando sola en casa me encuentro a gusto, no necesito la compañía de alguien para vivir. Pero si acaso, sí me gusta vivir sola no sirvo para sobrevivir sola. ¡Vaya dilema!. Supongo que acabaré compartiendo casa alquilando la habitación.

Cuando era chica y vivía en José Laguillo que es un portal grande y donde hay cuatro casas en cada una de las 11 plantas, era capaz de distinguir, con mucha antelación, que el tintineo de las llaves anunciaba la llegada de mi padre. Ahora no tiene ningún mérito, pero me pasa algo parecido con sus carraspeos de voz.

Mi padre venía de buen talante y yo decidí armarme de paciencia.

- Es un grillo, papá -me faltaba cantar a lo Sabina sé que no lo soñé"- Hubo un verano en la academia en que se oía a un grillo en una clase y las niñas y yo vimos aparecer un ala por una grieta del plinto. Roberto echó flu flu y la tapó con silicona.
- Eso no hace ná, es inofensivo, no pican, huyen del hombre
- A mí me da miedo, me lo puedo encontrar en la cama, se me puede subir a la pierna, entonces qué hace en una casa.

Tenía preparada mi argumentación a qué iba a hacer el día de mañana que estuviera sola e incluso de por qué tenía que llamarlo si no me había pasado nada. Pero accedió a inspeccionar mi cuarto. Cual fue mi sorpresa cuando no había rastro del bicharraco. Pero no estaba dispuesta a dormir en mi cuarto y tampoco iba a permitir que mi padre pasara la noche en el sillón. Íbamos a intercambiar los dormitorios pero mi padre se quejó de la calor que hacía en el mío (yo tengo ventana y él balcón que deja abierto de par en par) y como tengo descuajeringada la cama (un pie de la cabecera partido y la barra metálica que une la cabecera con el pie de cama se ha salido y he perdido los tornillos) dijo que no iba a aguantar su peso. Antes de que se acostara le pedí que entrara comigo en mi cuarto mientras cogía el despertador, la ropa del día siguiente, el desodorante, el sujetador, los zapatos, el necéser, los complementos y el bolso. Y cerré la puerta.

- Por ahí sale.

Así que he pasado la noche en el sillón. Fuera se oía un grillo, varios en realidad, como los que he oído esta mañana camino del trabajo. Por qué no se quedarán entre las hierbas del Parque Mª Luisa, qué hacen en un piso donde no hay césped, ni agua, ni animalillos, ni nada natural. No he pegado ojo, he escuchado todas las campanadas, he pasado frío a medianoche, he amanecido con tortícolis y mi quejumbrosa espalda habrá salido igualmente beneficiada.

Ahora me encuentro escribiendo esto en mi cuarto. Nada más llegar a casa telefoneé a mi padre diciéndole que si había visto algo mientras preparaba la comida. Ahora acaba de levantar las bolsas que tengo en el suelo y arrastrar los muebles.

- Para una vez que hago una limpieza general y hay un bicho. Es el primero que hay dentro de esta casa.

No ha vuelto a hacer ruido ni ha aparecido. Creeré a mi padre con su teoría de que por donde se escapó se ha ido, o por cualquier otro sitio de la casa. Me quedaré intranquila por no haberle dado caza. Es todo un X- Cricket.

Actualización: A los pocos días ha aparecido un grillito en el baño. Nada más verlo empezó a moverse pero me armé de valor y ¡zas! lo aplasté. Lo dejé para que mi padre lo viera pero a las pocas horas había un reguero de hormigas dánose un banquetazo así que más inflada que Sylar decidí acabar con todas ellas. Mi cuarto sigue tranquilo y he podido dormir apaciblemente.

7 Comments:

Choko said...

Desde el día 15 de Septiembre y hasta el próximo 16 de Octubre se encuentra abierto el plazo para la inscripción en el "I VillaBlog - Comarca de Doñana".

El "I VillaBlog - Comarca de Doñana" es un encuentro de Blogs que se celebrará el próximo día 24 de Octubre en Rociana del Condado-Huelva (a 55 km de Sevilla y 37 de Huelva capital) al que asistirán personas interesadas en el mundo de los Blogs (tengan o no tengan uno) y que servirá para formarse, dar a conocer tu blog y pasar una jornada de convivencia en un enclave rural con actividades muy variadas. Puedes encontrar más información e inscribirte en Villablog.net

No faltes!

Abacab said...

Madre mía, qué angustia de noche!

A mi me pasa algo parecido con los saltamontes largos y verdosos. Hace ya al menos un lustro desde que se coló el último... espero que no vuelva a aparecer ninguno más!

Me paso por tu blog para confirmarte que ganaste el concurso de "Mejor Nick" empatada con Perséfone. Decirte igualmente, que será un placer entregarte el "cutre-diploma" el fin de semana del viernes 27 de noviembre en Sevilla.

Ya iremos concretando detalles. Un fuerte abrazo y te recomiendo que eches insecticida por tu habitación para quedarte más tranquila jejeje.

Shikilla said...

Yo soy incapaz de matar cualquier bicho, ya sean grillos, cucarachas, etc...

Cuando volví de vacaciones, abrí toda la casa y dormí con algunas ventanas abiertas, por la mañana cuando me levanté había una salamanquesa mirándome desde el suelo de la cocina...no te quiero contar la que lié. Amablemente la invité a salir, susurrándole, vete por favor!!. Pero al final desapareció en un descuido en el que me lamentaba de no ser capaz de darle con la escoba.

Luego me enteré que hice muy bien en no matarla, (cosa que ni por asomo hubiera podido hacer) porque se comen los insectos. Prefiero que se los coma fuera de casa, se fue por la terraza, probablemente. No sé, ni quiero averigüarlo.

Natalia Pastor said...

Te entiendo perfectamente,Zinquirilla.
A mi me pasa lo mismo con los grillos y con cualquier bicho que por azar del destino, entre mi casa.
Lo último fue un murciélago, y casi me da un ataque de nervios.
Entró en el salón, mientras mi marido ya se había acostado, y lo desperté a gritos como si me hubiera cruzado con las hijas góticas de Zapatero por el pasillo.

Y cuando voy a
la finca de mi suegro, oigo ruidos por todas partes,en el suelo y en las paredes,imagino que entran bichos y se suben por las sábanas.
No pego un ojo.

Saludos.

Jose Manuel said...

Hola Zinquirilla!
Hace tiempo que te sigo, aunque no te deje comentarios.
Tu historia me recuerda a una parecida que nos ocurrió. Se nos metió el grillo en una sala de conciertos (de música clásica) y cuando lo íbamos a matar, alguien nos dijo que es una especie protegida y que no se le puede dar caza. Al final entró alguien con un tomate y salió con el grillo dentro de una caja, pero no sé cómo lo hizo.
Ánimo con el bichito de todas formas.

Zinquirilla said...

Choko muchas gracias por la información.

Abacab, hace unos cuantos años mi hermana y yo descubrimos un camaleón enredado entre los cordeles del patio de la casa de la playa. Luego saltó hacia uos botellines de la Cruzcampo y cambió de verdoso a color tierra. El bicho era grandote y sacaba la lengua. Imagínate el susto. Estábamos solas y avisamos al vecino que nos dijo que no o podía matar que estaba multado. El hombre lo atrapó vivo en una bolsa y lo entregó a una sociedad protectora de Doñana.

Me hace ilu co-ganar el concurso de nick. Aún queda tiempo pero no dudes en preguntarme lo que sea de Sevilla, sobre alojamiento y demás. Si no me surge nada, podré quedar ese finde y espero que te guste mi ciudad.

Shikilla me ha hecho mucha gracia imaginarte susurrando al bichejo. ¡Sólo faltaba que le dieras un beso para deshacer el encantamiento! Pero yo no podría ni mirarlo.

Natalia ¿un murciélago? pondrías el pelo a resguardo, nop? jeje. Qué asquito y qé miedo, menos mal que estaba tu marido.

José Manuel, como el post ya me quedó de por sí largote me ahorré anécdotas como esa que cuentas. Mi abuelo me contaba que de chico le daba tomates a los grillos en una cajita. Pensé en poner un rodaja pero creo que hice bien porque no era plan de dejar comida en mi cuarto, si hubiera sido al aire libre sería distinto.

¡Gracias por seguir mi blog y bienvenido!

Actualización: voy a contar el desenlace..

Dirty Clothes said...

La sensacion de que hay un bicho que te da pánico por tu cuarto y no poderle darle caza es algo horrible... Menos mal que ya puedes dormir tranquila...

dirty saludos¡¡¡

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