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jueves, 11 de septiembre de 2008

El increíble vuelo del samurai

De forma errónea, se cree y se afirma, que el ataque del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos, es el primero en sufrir en su propio territorio (se descarta Pearl Harbour por tratarse de una base militar en la isla Oahu, 18 años antes de que Hawai se incorporara como estado). Nada más lejos, pese a que las dimensiones de aquél son extraordinarias y que ciertamente ninguna batalla o frente ha tenido lugar en suelo yankee. Un país imperialista que ha intervenido en todos los conflictos mundiales de la centuria anterior pues habría recordar que mientras se formaba ese país, se siguió la Doctrina Monroe.

Durante la II Guerra Mundial, se pueden sintetizar los ataques que se produjeron directa o indirectamente en Estados Unidos:

* Cañoneo de Ellwood
* Batallas de las Islas Aleutianas
* Faro de Punta Estevan
* Ataques en Oregón
* El raid aéreo sobre Oregón
* Globos incendiarios
* Batalla de los Ángeles
* Minas en el puerto de Nueva York.

El único ataque aéreo que Estados Unidos había sufrido antes del 11S es el que ocurrió en Brookings (Oregón). Los antecedentes constituyen el primer ataque continental del 21 de junio de 1942.

El que nos ocupa, constituye un episodio aislado por cuanto es fruto de la osadía y la imaginación de un solitario aviador japonés, Nobuo Fujita.


Nacido en 1911, desde joven se sintió fascinado por la aviación. Sus excepcionales dotes de vuelo pronto le permitirán engrosar las exclusivas filas de oficiales de la Armada. Durante los primeros años de la II GM, embarcado en el I-25, este natural flyer realizó atrevidas y arriesgadas incursiones, la mayoría realizadas de noche, guiándose sólo por los faros costeros (sobrevoló Sidney, Melbourne y Auckland) al más puro estilo vol de nuit. Su aeroplano era el pequeño hidroavión Yokosuka E14Y (apodado Glenn por los aliados), que se lanzaba desde una rampa en cubierta y que los operarios montaban en una hora. Su velocidad de crucero era de 135 kilómetros por hora, tenía una autonomía de cinco horas y, por toda defensa, una ametralladora de 7,7 milímetros.

Una idea tuvo este descendiente de samurais que siempre volaba con su ancestral espada. Una idea de locos en una guerra de locos. Una hazaña con la que honrar a la patria y pasar a la historia, habiendo ya sido señalado en ella tras su participación en Pearl Harbour. Su arrojo le llevó a concebir un plan, que las autoridades niponas, en una secreta reunión con la asistencia del propio emperador Hiro Hito, respaldaron. Eso sí, la idea original de sobrevolar el canal de Panamá fue sutilmente modificada: consistiría en bombardear la costas norteamericanas, en concreto los frondosos bosques de Oregón. Se pensaba que las autoridades norteamericanas enviarían una importante flota a esa zona donde les esperarían los japoneses, aparte de la conmoción y el miedo que infligirían a la población estadounidense.

La operación tenía la particularidad de que el hidroavión despegaría de un submarino, práctica que sólo los japoneses desarrollaron en la contienda. Así, la mañana del 9 de septiembre de 1942, Nobuo Fujita y el copiloto Okuda Shoji (quien moriría en la guerra) tras colocarse las antiparras típicas de los pilotos japoneses en forma de ojos de gato y escuchar los "¡banzai!" de rigor de la tripulación, despegaron a los mandos de un E14Y desde la pista emergida de un submarino I-25 situado frente a la costa oeste de Estados Unidos. Pusieron proa a la cercana Oregon. Su carga, un par de bombas incendiarias. Una de ellas no explotó y la otra apenas chamuscó siete árboles. La culpa la tuvo la lluvia de días anteriores. Aún así, días después se volvió a la carga. El 29 de septiembre descargó dos nuevas bombas que crearon un pequeño incendio. Como en una comedia de Capra, no fue suficiente para despertar al servicio local de bomberos de la cercana localidad de Brookings.

Así, ninguna potencia del Eje logró surcar el cielo norteamericano hasta que seis décadas después, hubo unos descomunales ataques mudando el destino de cuatro aviones civiles.

Pero nuestra historia continúa ya que el valiente Fujita sobrevivió a la guerra. Y en 1962 las autoridades de Brookings le invitaron a la localidad. Reconvertido en comerciante de metales, su vena militar afloró y, sospechando que podría ser juzgado por crímenes de guerra, llegó con su ancestral espada de samurai, dispuesto a cumplir con el harakiri si era preciso. Mas, los habitantes de la pequeña localidad sólo tenían curiosidad por ver a aquel menudo japonés tan osado en una guerra ya pasada. Se le homenajeó y él volvió a sobrevolar aquellos bosques, donde se sembró una secuoya. Agradecido por las atenciones recibidas, donó su espada que hoy exhibe orgulloso el ayuntamiento.
En 1997 muere nuestro héroe de guerra y su hija depositó parte de sus cenizas en aquellos bosques que quiso incendiar.

Una anécdota más de la II Guerra Mundial. Una historia aventuresca con tintes románticos incluso. Una idea descabellada que fracasó pese atodo el empeño de su protagonista.

6 Comments:

RAMPAEL. said...

Muy interesante tu artículo. Gracias por compartirlo. Besotes
Rampy.

Lee said...

Wow, no sabia nada de esto, muy interesante!
Cuando ocurrio lo del 11s yo estaba terminado de comer, estaba con mi madre, y nos quedamos con cara de poker al ver como la corresponsal en ny decia que habria al menos 7 muertos?¿?¿ Se puede ser mas tonta?¿?
Si ciento y pico ya iban en el avion!!En fin...

Besitos!

Du Guesclin said...

Tampoco tenía ni idea. Es interesantísma la entrada; aunque eso si, el pobre japonés estaba gafado...

Saludos.

Joselu said...

El recibimiento al aviador demuestra que el tiempo hace inútiles todas las guerras. Los enemigos a muerte de antaño terminan haciéndose amigos. Curiosa e interesante la información que nos ofreces en esta fecha tan significada. Un cordial saludo.

maria jesus said...

Muy interesante como todo lo que escribes, no tenía ni idea de este personage, y estoy con Joselu, las guerras son monstruosas y no sirven para nada.

Zinquirilla said...

Gracias a ti Rampael por leerlo. Me alegra que te haya gustado.

Realmente es un hecho poco conocido como leo a Lee. Gracias por dejar tu particular recuerdo del 11S.

Más que gafado, Du Guesclin, yo resaltaría lo arriesgado de este tipo que voló desde Japón a la costa oeste norteamericana con la habilidad de burlar toda vigilancia.

Los americanos sí que se alegraron de que fallara, por eso le recibieron tan bien, pero como dice Joselu, ¿a qué vino la guerra o la rivalidad entre japoneses y estadounidenses si luego eran capaces de confraternizar en homanejes?.

Veo María Jesús que compartes igual punto de vista.

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