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Siempre recibimos cuando damos.

Una canción

martes, 22 de abril de 2008

Cuestión de confianza

* Situación 1

Hace un año, inmersa en la efervescencia de la ciática, al salir de clase e irme a casa me dio un dolor, repentino como suelen ser. No recuerdo, pues ahora es cuando relaciono este hecho con el siguiente, cómo me fui al trabajo y también me pregunto por qué no llamé a mi padre para que me recogiera. Lo sustancial de la jornada que finalizaba, fue mi despiste porque al llegar a la parada del bus reparo en que no llevo el monedero. La advertencia que llega a mi mente de mi madre con voz fantasmal "a la calle no se puede salir sin dinero" ha pasado a ser un reproche que me hago a mí misma; con los años los despistes van en aumento. Y que encuentre las cosas no ayuda a mejorar mi desconcentración, pero eso es tema para otro posteo.

Enfilé la avenida andando. Creo que estábamos en febrero y el día, de un viernes de larga semana, se iba tornando más frío. Realmente no podía andar bien y me encontraba muy cansada por lo que me decidí a ejecutar la dispar idea que se me había cruzado.

Paré el primer taxi que vi y por fortuna el conductor era un chico joven porque un taxista resabiao me hubiera dicho que no. Incrementé el gesto torcido de mi cara y en una parrafada largamente atropellada le pregunté si me hacía el favor de acercarme a mi casa. Que por despiste había ido a trabajar sin dinero y que me dolía la espalda. El muchacho accedió enseguida aunque murmuró un "confiemos". Me dejó en una calle paralela por estar la mía cortada (es sempiterno :D) y muy apurada dejé el bolso y una carpeta que llevaba en el asiento trasero. Corrí más de lo que debía en busca de money y, aunque esté mal que yo lo diga, le dejé una propina agradeciéndole efusivamente el favor.


* Situación 2:

Hace un par de semanas, camino del currelo con una punzada de dolor de cabeza y creyendo que no llevo mi dosis habitual en el bolso me dirijo a la farmacia. Mientras me atienden descubro un servidor de agua aunque tiene tan poca que pregunto si se puede beber. Una ayudante se encarga de darme un vaso. Al abrir el bolso descubro que no llevo el monedero. Me pongo pelín nerviosa porque recuerdo haberlo cogido y meter dinero para unas compras. Reviso el bolso que es de los que más bolsillos, cremalleras y escondrijos tiene y nada. Mientras, el dependiente no dice nada y cuando le miro sus ojos son inexpresivos, esperándome el vaso y el medicamento alineados en el mostrador. Muy apurada musito lo despistada que soy saliendo de casa sin dinero y me despido apresuradamente. Sigo andando y el dolor persiste. Aunque sé que dentro de un rato puede que se me quite (cosa extraña, si explico cualquier cosa que me guste y los niños trabajan bien, el dolor desaparecerá; también se me quita al revés que al resto de mujeres :D). Una vez en clase al sacar el estuche descubro una tableta suelta de Dolalgial al fondo de un bolsillo.

Al día siguiente también me duele la cabeza (esa semana, quizás por el tiempo, me dolió la cabeza todos los días a la misma hora como en las sevillanas) y paso por la misma farmacia. Mentalmente entro y me dirijo al dependiente: tal vez usted pensara que ayer fingía el dolor de cabeza y que pretendía llevarme un medicamento común de menos de 3 euros por la cara. Pero hablamos de salud y de hacer un favor a alguien. Hoy estoy aquí y le hubiera pagado.


(Desde aquí aprovecho para agradecer a todas las personas anónimas que me han hecho un favor debido a mis despistes. No se trata de acostumbrarse a pedirlos sino de estar dispuestos de ayudar a alguien)
p.d.: si alguien quiere seguir leyendo más post farragosos de mis despistes que ponga "bolso" en el casilleo de arriba de "buscar blog".

5 Comments:

Anónimo said...

Ay por dios, con apenas treinta años y ciatica, cefaleas con los cambios de tiempo, fallos de memoria, condromalacia,... . Zinquirilla, me temo que cuando tengas cuarenta y cinco o cincuenta estaras diariamente haciendo cola en tu medico de primaria, o en los multiples especialistas correspondientes si eres de la MUFACE. No me seas marujona, va.

Anónimo said...

Y no eres tu un poco "elecktrica", quiero decir que hablas mucho mas de tu padre que de tu madre, no?

José Manuel said...

Conforme iba leyendo me iba entrando ansiedad... ¡pero chiquilla amarrate un lazo en la muñeca!
Y para la ciática unos masajitos...
BESOS INOLVIDABLES

Zinquirilla said...

Veo que te hacen gracia mis vicisitudes aunque no sigas la línea argumental del post.

Por una vez me he reído a gusto con tu comentario por como me "ves". Yo y mis "enfermedades". Soy hipocondríaca de la vertiente optimista, esto es, siempre me duele algo pero confío en ponerme bien. Pero que no piense la gente que el colapso de las urgencias se debe a mis reiteradas visitas médicas. En casa somos de seguro médico privado a medida que nos emancipamos, pero a mí no me pesa pagar mi cuota porque ya digo me gusta ir a los médicos y tomar medicinas y que me hagan pruebas. Tengo migraña desde que tengo uso de razon, lumbalgia desde 8º de egb, hace 2 años me entró lo de las rodillas y el 5 de enero de 2007 la ciática (enfermedad que hasta entonces sólo asociaba a la emperatriz Isabel de Austria). Son minucias (que duelen, fastidian y me vuelven achacosa, jeje) pues afortunadamente no tengo ninguna enfermedad. Y todo lo alivio con mi doble dosis de Dolalgial! Cuando se me acaban me pongo como House :D

En su día hiciste una capciosa pregunta sobre mi familia que respondí amablemente. En este post que comentas, hablo tanto de mi madre como de mi padre.


Me alegro que hayas entrao José Manuel, ¿qué tal?. ¿Te ha resultado cardíaco el post? jeje.

Anónimo said...

En este post si; por eso me atrevi a comentarlo.

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