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Siempre recibimos cuando damos.

Una canción

martes 15 de junio de 2010

Y el mundo marcha

Lo que empezó como un problemilla del ordenador (tardaba en encenderse) ha acabado convirtiéndose en todo un apagón tecnológico (me quedé sin internet cuando la madre de todos los virus atacó mi equipo). Y en parte sigue pues me han puesto un disco duro provisional mientras intentan reanimar el mío. Tengo internet desde el viernes pasado pero ha sido el período de tiempo más largo que, a la par consciente e inconcientemente, he estado sin conexión a Internet. Durante los primeros días me resultó un fastidio, luego la avalancha de trabajo (terminando un curso de la Universidad por la tarde que ha coincidido con el final de las clases en la academia en plena época pre-Selectividad) me dejaba tan escaso tiempo libre que no me daba cuenta de la ausencia y este finde me he involucrado en un proyecto que ha surgido en las Salesianas que me va a ocupar parte del verano y espero continuar en septiembre.

Hay una idea que me acompaña últimamente: que el mundo y las cosas son "así" y son tan "asín" que son irremediables. Quién habla de Haití, quién hablará de Sudáfrica. Sus desgracias y alegrías quedarán en las hemerotecas pero el día a día de haitianos, de sudafricanos y de los seis mil milones de almas que habitamos este mundo cambiante y sin embargo siempre desafiante para el hombre; sigue en su sempiterna marcha, sólo interrumpida cuando nos apeamos de este tren en marcha.

Desde jovencita sentí el impulso de cambiar el mundo pasando antes por mi propio cambio, como decía Gandhi. Siempre he pensado que a nivel global, hay cosas que no cambian, que ha habido y habrá injusticias y guerras, muerte y destrucción. Y que en medio de todo mal siempre habrá un bien, una buena persona, una buena acción. Y que no hace falta irse a las misiones porque es tu vecino el que lo pasa mal. Hoy día con la crisis económica este hecho es más palpable aún. Pero hasta qué punto estamos anestesiados. O es que necesitamos otra revolución francesa que trastoque los órdenes establecidos.

Pero qué somos si no gotas de agua en el océano o granitos de arena en el desierto.


La vida es aquello que transcurre mientras hacemos planes, dijeron en cierta ocasión. Pero tiene una belleza y una fuerza que nos lleva a querer vivirla, exprimirla y dar lo mejor de cada uno. Porque cada uno es único y lo que aporta será también único.


Pasear con un amigo, almorzar con la familia, leer con un niño, saludar al vecino, sonreír al conductor del autobús, explorar tu corazón que es bien grande y tender una mano. O mejor aún, las dos que tenemos.


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