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Una canción

martes, 5 de febrero de 2008

Tribulaciones de una no vasca en región vasca

(El título del post es un pobre homenaje al gran Verne. Quedaría, tal vez, más correcto, decir tribulaciones de una andaluza en Euskadi, pero mi amiga G. ya me llama Birginia en plan vascuence, ya ven. Vascuence, lo digo así porque me gusta cómo suena, no por su significado en sí).

El viernes a las 18 horas el autobús nos dejó en una plaza grande y bulliciosa. Yo me despedí apresuradamente de los foreros pues deseaba estar sola. Además debía agudizar mi ingenio, como suele decirse porque debía dirigirme sola a la pensión. Arrastré mi pesada maleta y lo primero que vi fue "Unai". Y reconozco, que me emocioné. Es el nombre de una persona muy especial aunque en este caso aludía a una simple tienda de deportes.

Pronto alcancé el Boulevard y la primera impresión (últimamente pongo todos mis sentidos para atesorar estas primeras vistas de las ciudades que estoy conociendo) es una imagen parisina y muy invernal. Me gustó el paseo que a esa hora estaba lleno de gente. Pienso que he conocido San Sebastián en uno de sus mejores momentos, pues estaba en fiestas. Quizás en otro momento no haya tanta algarabía ni gente. Las desnudas ramas de los árboles que conformaban la agradable avenida me parecieron melancólicamente duncanianas y me encantó. Me gusta el invierno.

Al poco de andar pensé que al diablo lo de ahorrar y que lo mejor era coger un taxi. Llevaba un plano, una guía pero prefería ir sentada a la pensión. Pero no vi ningún taxi libre y como seguí andando decidí preguntarle a la gente. Me extrañó muchísimo que alguien me mirara de arriba a abajo y tras titubear musitara que no era de allí. Al fin, una pareja joven me atendió. Él fue muy amable porque dijo que no eran de allí pero que sabían el sitio y así llegué a los soportales de la plaza y a la entrada de la Parte Vieja. Es una zona antigua, sí, pero cuadriculada y fácil de manejarse por ella. Me temía que fuera de calles laberínticas y liosas donde me perdería enseguida pero todo lo contrario, pronto supe moverme por ella.

Me llaman la atención varios tipos con los que me cruzo. Mentalmente los clasifico de "Patxis guays", esto es morenazos, con barbita/perillita guay y pendiente que le sientan bien (a cualquier tío que se lo ponga no tienen porque pegarle perilla y pendiente). Había unos cuantos que no estaban mal, así que superaba mi marca de "gustos amplios" (para que veas, G.)

Llegué a la pensión y esto se merece un punto y aparte (osea un post monográfico, de veras). Sólo decir aquí que de la calle San Jerónimo acabé en la cercana Fermín Calbetón.

Un temor que yo llevaba es que soy muy lenta cuando viajo. Me entretengo enormemente en la ducha, decidiendo qué ponerme o sobre todo viendo lo que se ve desde el balcón. Me he mal acostumbrado a que la gente me arree (no que me espere, ofcors!). Pero tengo tanta emoción por el concierto que logro darme prisa (pese a la idiotez de meterme en el baño sin toalla) y tengo tiempo para ver cosas antes del concierto.

No voy a reiterar lo ya escrito pero sí digo ahora que tenía las mismas ganas de conocer la ciudad que con otra que resulte desconocida por mí. Así que deseaba ver y descubrir cosas, además de aprovechar el viaje, aunque el principal motivo (y tiempo, gustosamente) se lo llevara el especimen, jeje.

Me gustó la Iglesia del Coro pero estaba cerrada y me encantó que la calle fuera tan larga que cruzando el Boulevar llegara a la catedral. Dos iglesias importantes contemplándose frente a frente. Curioso y bonito, me dije. Entonces me pregunté por la religiosidad de los vascos. Es un tópico decimonónico situarlo en la tradición católica. Eso se habrá perdido, supongo.

Ideas del nacionalismo, de la independencia, del grupo terrorista circularon por mi cabeza entonces. A mí, que estoy a favor de la autodeterminación, que si fuera nacionalista sería de las primeras en querer separarme, me duele enormemente las muertes que ha habido. Que esos innombrables estuvieran en mi ciudad, conociendo tan bien sus calles para perpetrar lo que hicieron...

De repente me acuerdo de la playa y rodeando el Ayuntamiento me topo con ella. ¡Ah! el mar lo embellece todo, pensé. Es bonita la bahía, también me dije. El paseo marítimo me parece normalito con esos árboles enanos podados en extremo. Las casas no me parecen bonitas. Las veo demasiado moderas. ¿De los 70 pueden ser?. Y hay un cartelón de publi para tapar unos andamios. Es de un banco con la foto de un "Patxi horroroso" que me pondrá de los nervios cada vez de las innumerables veces que crucé por allí.

Por el camino veo mucha, bastante, gente disfrazada. Como ya habían dicho algunos foreros, aquí se vive el carnaval más de lo que uno pueda imaginarse. No me gusta el carnaval ni soy muy dada al disfraz pero éste tiene su encanto: la gente va disfrazada de personajes. No es pintarse la cara y echarse un foulard o cualquier trapo. No. Son trajes confeccionados y había vestidos históricos muy bonitos. Y me resulta sorprendente ver gente de la edad de mis padres disfrazados y participando del evento. Claro que en el Kiosko del Boulevar había grupos de niños de unos 10-12 años cantando. Eran muchos por lo que se me antojó aquello una Fiesta de Fin de Curso gigantesca. Demasiados niños. No obstante, respiré la alegría de la gente, sus ganas de pasármelo. Y me dije, por qué no nos llevamos todos bien, canturreando a la vez la canción de los Hombres G.

También me dije, arrincona todo el odio que le tengas a Eta. No pienses en ello. Mira la ciudad como lo que es: una ciudad con sus habitantes que celebran el carnaval.

Al llegar nuevamente al boulevar me topo con una manifestación. Filas de gentes de mediana edad y muchos jóvenes portando cada uno un retrato. ¿Víctimas de eta?. Me acerco y me dije, estás equivocada, pero yo quiero saber. Claro que no le voy a preguntar a ellos ni a nadie que pase. De repente vi un poli, local, jovencito. Me acerqué y me miró con inquietud. Puse cara de despistada/chismosa/falsa periosdista: ¿de qué es la manifestación?. Me alejé sin oír el final de la frase que él mismo no termianba. Reagrupación. Me alejé y me que´d eun bue rato en tercera fila observando. rminado. Me quedé un rato en tercera fila contemplando.

Mis buenas intenciones se habían esfumado pero me puse a emocionarme otra vez por el concierto. Además se me hizo la boca agua al ver la pastelería de la esquina. tenía una pinta estupensda. Siento no retener el nombre, creo q empezaba por O.

Llegé al teatro y me gustó muchísimo. Es el tipo de edificos kitsch que me gustan tanto con sus esculturas y balaustradas. El color de la piedra es el que me ha parecido representativo pues se parecía en la misma tonalidad clara del Ayuntamiento. El vestíbulo me pareció excesivamente blanco pero el interior me encantó. Me gustan mucho esos teatros, creo que son mi debilidad así que éste coqueto y dorado me gustó mucho. Miré con arrobamiento la primera fila que iba a ser mi sitio y me presenté a mi compañera.

Empezó el concierto.

A la salida la gente tenía hambre y aunque yo había cenado me sumé. Se siociable me dije, aunque no te gusten los grandes grupos, las juergas programadas, el que todos rebosen sensación de ser formidables y felices. Anímate me dije. y lo hice, sabiendo que no estaría plenamente a gusto. La gente tan exultante me desanima. Tienen el efecto contrario en mí. Menos mal que me senté con los "mayores". Así, me encontré a gusto en la mesa en la que estuve y escuché atenta las venas mikelianas que derrochaban todos con creces.

Éso es algo que me ha impresionado y con lo que he disfrutado. Estoy acostumbrada a tener gustos raros, minoritarios, desconocidos, sorprendentes, y hasta ahora no sabía de nadie a quien le gustara tanto la música de Mikel. Ver a los foreros con tan larga trayectoria mikeliana me hizo pensar mucho y el ver a tíos tan animaos por su música también. Hasta el que una forera me dijera que no le gustaba tanto él. Me hizo replantearme si me gustaba más la persona que la obra. Uhmm. Lo que sí me he dado cuenta de que definitivamente soy más de Duncan. Aunque las canciones de Mikel están mucho mas elaboradas, las de Duncan me parcen más frescas, con más connotaciones melnacólicas. Además son canciones que escuché in situ y esa sensación es ¡tan copiosamente agradable!.

El sábado me costó levantarme. Tardé en vestirme y cuando por fin estaba en la calle disponía menos tiempo del apetecido. Aún así decidí buscar el Altxerri y mirar alrededores. Resultó estar justo enfrente del teatro y decidí cruzar el puente para ver el Kursaal. ¡Anda! pero si aquí mismo, en los soportales, está la tiendas. Pensé que estaba más allá y tenía justo 10 minutos para comprarme una sudadera. Mareé a la pobre chica con mi indecisión. Y como no tenía tiempo de probarme la sudadera S de chico en color azul azafata y tampoco quería gastarme muchos talegos cuando vi la camiseta verde kaki me dije, comprátela ya.

Salí y tenía tiempo de hacer fotos y contemplar el río. ¡Madre mía, qué fuerza, qué empuje!.

Llegué a la galería y se produjo mi encuentro con Mikel.

Es un lugar muy majo, me dije, lástima q en Sevilla, creo, no haya sitios así. Ese rincón con los instrumentos, las pareces de ladrillo en aquel subsuelo tan a lo The cavern transmitía un ambiente cultureta que me va, coronado por la galería de arte. La exposición que había era curiosa. El artista que exponía se había inspirado en fotos antiguas a las que puso unos símbolos curiosos (recortes, insectos). Hubiera visto la exposición con más detenimiento pero desde que le vi sólo tuve ojos para él.

A la salida, los foreros aún no tenían ropa de CLB. Así que para qué ir otra vez. No me alegré pero decidí deambular sola. ¿A dónde ir? No tenía ganas de sacar la guía y me apetecía ver el mercado. En vez de dar la vuelta y volver al boulevar mis pasos siguieron el rastro del salitre.

¡Ah! Qué bravo se presentaba el Cantábrico ante mis ojos. Una vez que enfilé la calle Aldamar salí hacia el paseo marítimo y como me dijeron que siguiendo el paseo llegaba a la conche emprendí una agradable paseo siguiendo el mar. Lo miraba embobada. No recordaba haberlo con tanta fuerza, tanto brío. Aunque caminaba a distancia del muro un chapuzón de agua mojó una mitad mía. Solté una risotada y como pude me sequé el pelo, las gafas y la cámara de fotos. Me embrujó aquel prodigio de la naturaleza, el agua lechosa se filtraba por las rocas y llegaba a todos los rincones hasta formar múltiples canalillos. Comprendí que por aquella zona no hubiera barcos pero echaba en falta la actividad marinera y pesquera. Seguí andando y me topé con el monte Urgüll. La ciudad parecía aprisionarse a la roca y comprendí el carácter recio que se le atribuye a los vascos. De repente el paseo quedaba cortado por obras y no pude ver el puerto pero me gustó ver casas viejas con ancianos lugareños al sol. En ese momento me llamó M., mi compañera de la academia y me sorprendió tanto que me dio un alegrón. Quería saber cómo me lo estaba pasando y qué tal el concierto. Llegué al otro lado del Ayuntamiento y pude ver la playa de la Concha de día. Buscaba con la vista las famosas farolas (que simbolizan los Premios Donosti del Festival de Cine de San ebastián) y antes de vislumbrarla seguí con la vista la primorosa herrería blanca que bordea la playa. Las farolas sirven de entrada a la playa y tienen ese regusto decimónico que rodea a la ciudad. Había gente tumbada en la arena y deseé pisarla pero no iba preparada. Seguí andando y callejée por las calles que había alrededor viendo los comercios.

Me sorprendió ver los carteles en castellano. Y la gente no hablaba euskera, lo cuál me tenía intrigadísima. Todo lo contrario que en Barcelona donde todas las marcas se han acoplado a la política lingüística nacionalista. Me gustó ver que tal y como le pasa a otras zonas del norte, no han sufrido la atroz invasión que tenemos en el sur de grandes superficies y marcas estándares. Así que vi las tiendas propias de la ciudad de ropa y la multitud de pastelerías que vi. Nunca había visto tanats por metro cuadrado. Me salté el régimen económico, el dietético y la hora del desayuno y me zampé un par de dulces. De pastelerías diferente, calro. Todas tenían tortas de San Blas (era el domingo) pero no las comí pues llevan anís. Pero los dulces estaban ricos ricos como diría el cocinero de la tierra.

A las 13.30 había quedado con un forero para reunirme con el resto para la quedada del almuerzo. Nos adentramos en la parte Antigua que ya me era familiar y nos entremetimos como pudimos entre la avalancha de carnavaleros e hinchas de fútbol. A mí las bullas no me molestan, al revés, en semana Santa me muevo muy bien por ellas pero en esta ocasión las voces ensordecedoras me aturdían. Vi media docena de camisetas verdiblancas en homenaje al Celtic y recordé aquel famoso post de la discordia. Los Txuri Urdiñ eran mayoría pero también había muchos rojiazules del Eibar. Aunque sabía que había fútbol no me acordaba del contricante y me dije, ah, ¿no está en 1ª? qué pena.

Cuando por fin nos hicimos con un bar descubrí el mundo de los pintxos. Y la exuberante costumbre de atiborrar las barras de los bares de platos y no dar abasto de sacar más y más pintxos difrentes. No queda un resquicio en la barra y allí nadie apunta nada sino que te dice, ¡adelante!. Yo, que soy tela de rara para comer (S., no creo q leas esto, pero recuerda que ya encontraste a alquien más rara que tú, jeje), supuse que no tomaría nada pero me animé con unas croquetas, luego seguí con queso, un revuelto y una bola de marisco. ¡Aquello estaba riquísimo!.

Como quería aprovechar bien la tarde, me despedí pronto de los foreros. Quizás se montaran en el funicular pero yo quería ver muchas cosas. Y tanto que lo hice. Me recorrí andando el Paseo de la Concha deteniéndome en ver el hotel Londres. Pero hacía más rasca de lo que creía, con la de veces que he explicado el clima oceánico y climogramas del norte. Yo llevaba el mismo look de Madrid pero aún así, tenía frío en la cara y manos. Llegué a la Punta del loro y me hice un lío para distinguir el Palacio Miramar. En la guía venía una espléndida foto con unas torres de chapiteles puntiagudos y lo tomé por el palacio. En cambio el cartel indicaba a als claras que la cosntrucción rojiza que más parecía una casa de campo inglesa que un palacete había sido la residencia de la regente María Cristina. Recorrí el sendero y llegué a los portalones. Leo lo que dice la guía: lo construyó un inglés y el otro edificio era el antiguo Seminario. Desde el montículo se divisaban las torres y me conformé con eso. No me acerqué a verlo. Preferí bajar al mirador y detenerme a ver el mar. Había una pequeña cala y jóvenes intentando surfear. Al rato vi que el agua siempre les cubría y nunca se ponían de pie sobre las tablas. Eran bastante malos pero se reían mucho. Volví a quedar subyugada por el mar. Hasta ahora era el elemento natural lo que me gustaba de Donostia y no la ciudad. Las casas que había eran de reciente cosntrucción. Muy pocas tenían cristaleras y eché en falta un barquito que recorriera la bahía.
















CONTINUARÁ....

4 Comments:

Txatx said...

A pesar de mi perilla y mis pendientes.. incluyendo el de la lengua yo más que mono me autoclasifico como orangután, si un día vas a Bilbao y ves uno, ya me habrás visto.

Suripon said...

Hola, Zinquirilla, ¿no es algo topicosa tu descripción de Sanse? Esperaba de tí una visión más original...

Las azafatas del avión ¿cómo fueron, comprensibles o comprensivas?

Cuídate

ZINQUIRILLA said...

No estaré inspiradilla, qué le vamos a hacer. En el foro están poniendo unas crónicas muy chulas. Te recomiendo la que se llama "Con permiso(mi experiencia)".

Gracias por la correción semántica.

Suripon said...

Y por qué te gusta esa crónica? Tú cuando estás inspirada las haces mucho mejores.

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