Llego a casa. Enciendo el ordenata, enchufo el termo. Me lavo las manos, picoteo la comida (2º plato -tortilla de papas- y 1er plato -fideos con tomate- por ese orden). Salta musiquilla del Windows. Cierro múltiples ventanitas y abro el correo. Leo que no puede quedar, apago el termo.
Una típica calle londinense con sus casas ajardinadas, sus paseos de árboles. No es estrecha, sino más bien diáfanamente despejada. Y se encuentra inusualmente tranquila. Llegan los chicos inusualmente temprano. No es su barrio de residencia, pero como si lo fuera. Desde hace 7 años, el número 3 de esa calle ha ido como su segunda casa. Ya era conocida pero se convertirá en una de las más referidas del mundo. Un simple instantánea, que de simple no tiene nada aunque así lo muestre, se encargará de ello.
Hoy se cumple el 40º aniversario de esa foto. La que haría de portada del último disco de The Beatles. (*)
El paso de cebra de Abbey Road (de la veintena de calles homónimas, la que se encuentra en el barrio de St. John's Wood, al norte de Londres) sirvió de escenario para esa foto, todo un icono pop y que hoy será objeto de homenaje para repetir -no deja de hacerse desde entonces- el paso que dieron los cuatro fabulosos de Liverpool.
El 8 de agosto de 1969, John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr llegaron sobre las 11 al estudio para grabar el album. Iba a llamarse Everest en honor a a marca de cigarillos preferida de Goeff Emerik, ingeniero de sonido de los Beatles, pero se desistió la idea, con viaje al Himalaya incluido. Según Brian Southall, autor de un libro sobre la historia de los estudios de EMI, "hay un dibujo que Paul McCartney hizo de cuatro hombrecillos raros cruzando un paso de cebra", lo que dio idea a la banda.
Salieron a la calle acompañados del fotógrafo Ian Macmillan y a los quince minutos volvieron a la faena.
"Macmillan se subió a una escalera mientras un policía retenía el tráfico. La banda caminó adelante y atrás varias veces y eso fue todo", relató Southall, amigo del fotógrafo a la BBC.
Pero no es todo. Si bien, a diferencia de otras aclamadas carátulas de sus discos, ésta no se caracteriza por la brillantez artística de Revólver o por la desbordante imaginación de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, ni siquiera por mostrarnos las cabezas agrupadas como en Please, Please Me o en Rubber Soul.
Es una foto sin artificios, prácticamente fruto de la casualidad. Pero no exenta de significado si nos fijamos en las vestimentas de cada uno y sobre todo en el detalle de un Paul descalzo. Yo descubrí a los Beatles con unos 11 ó 12 años pero no fue hasta los 15 cuando empecé a escuchar su música y saber de ellos. Gracias a una compañera de colegio que tenía una hermana que era fan total y me pasaba las cintas y las letras. También fue ella la que me contó que a raíz de esta portada, circuló la leyenda de que Paul había muerto. Como es sabido le ha dado tiempo de cantar When I'm sixty four. En Abbey Rad, cada Beatles llevaba la ropa con la que trabajó ese día y se notan las grndes diferencias entre ellos, desde un dandy Lennon hasta un desaliñado Ringo. Eso die pie a la siguiente teoría nada descabellada, por otra parte:
La marcha del grupo representaría una marcha fúnebre donde John, que va todo de blanco, es el oficiante, Ringo que va de riguroso negro es el doliente, George que va en vaqueros con camisa vaquera sería el enterrador y finalmente Paul que es el tercero, sería el difunto. Es el que va descalzo, con un cigarro en la mano como simbolizando las cenizas y lleva el paso descompensado (el cruce de piernas lo lleva al revés que el resto porque por lo demás todos van en fila india).
Abbey Road es la última oportunidad de The Beatles por llevarse bien. En un intento de recuperar el espíritu Beatle, Paul llamó a George Martin para la produccióm el cuál aceptó si se trabajaba como antaño y asegurándose de que John estaba conforme. No obstante, las desavenencias ya eran irremediables y en algunas sesiones de grabación, cada uno contaba con el resto como si fueran músicos de sus propias canciones.
Las discrepancias y sobre todo la dualidad Lennon/McCartney se observan en las dos caras del álbum. Había que aunar más que combinar los puntos de vista divergentes de John y Paul. El resultado es que la Cara A es un conjunto de canciones sueltas de John y la Cara B es una larga serie de composiciones de Paul. George Harrison contribuyó con Something, que sería el primer número 1 de los Beatles que no llevaba la otra firma, y la celebrada Here comes the sun. Curisamente, en mi caso son las canciones menos escuchadas. El bueno de Ringo canta la divertida Octopus's garden que había escrito durante un crucero por el Mediterráneo con Peter Sellers mientras se alejaba de una gresca del cuarteto.
La parte de Paul es un medley de increíble dinamismo donde durante 16 minutos, enlaza canciones cortas y algunas a medio terminar como You Never Give Me Your Money, She Came in Through the Bathroom Window y The End. El álbum fue lanzado en Gran Bretaña el 26 de septiembre y en Estados Unidos el 1 de octubre. Es el primero en la historia de la música que no lleva el título del grupo, pero acaso ¿lo necesitaba?.
Come Together es sin duda de las más conocidas de la producción junto a las ateriores citadas. Es sin duda una de mis preferidas con esos acordes tan innovadores y la voz entrecortada a cada sílaba. Pero cuando tuve la oportunidad de escuchar el disco entero, me enamoré de nuevo de las voces de los Fab Four en su Because en una armonía de tres veces que se triplica hasta parecer 9 voces. Y de la preciosa I want you dedicada a Yoko.
Si queréis simular el famoso paso aunque sea viendo quién lo cruza ahora, podéis echar un vistazo a esta webcam.
(*) cronológicamente por orden de áparición el último es Let it be pero el último en grabarse es Abbey Road.
Colgué el móvil y me quedé un buen rato pensando entusiasmada en el plan que se me presentaba para el finde. Cuando de repente caí en la cuenta de que no tenía pijama. En ese momento llevaba uno pero lo usaba más como ropa fresquita de andar por casa. Para irme a dormir ya tenía mi pijama de verano, tan suave como mi piel y tan sugerente como mis curvas.
Eran las 9 y media pasada del jueves. Tenía que coger la mochila, la sombrilla y todos los bártulos playeros tipo bronceador, necéser,... Prepararlo todo esa noche porque al día siguiente el bus que cojo del currelo me dejaría en la parada de Santa Justa a las 3 con el tiempo justo de coger el tren a San Fernando.
Aún así tenía que salir a comprar comida por lo que me dispuse irme a enseguida al Opencor que está al lado de mi casa. Al salir, estaba convencida de que en ese garito dercortinglé para los olvidadizos, los que lo dejan todo para el último momento y los noctámbulos que no entrarían en la tienda 24 horas apañada del barrio, venderían pijamas para chicas. Pero por el camino empecé a pensar que no recordaba haberlos visto nunca. Pijamas tengo varios, de hecho casi todas las temporadas cae alguno de Women' secret; el problema era mi falta de previsión porque aunque el plan era fantástico y habíamos quedado por teléfono de forma casi repentina, no había excusas para que mi pijama rosa de lunares estuviera en la azotea, el de topos de colores en el bombo de la ropa sucia haciéndole compañía con el de color aguamarina. Y el de fresas que era de una sóla pieza con tirantas y botonadura delantera y dos bolsillos (comodísimo) que me compró mi madre en el mercadillo de Sanlúcar de Barrameda cuando tenía unos 15 años, era el que llevaba puesto aquella noche. Y no era plan de llevarme el único camisón que tengo, de raso y encaje. No uso camisones, este fue un regalo equivocado de talla de unas amigas a mi hermana.
A la altura de la Ronda vi que una tienda de ropa de los chinos estaba abierta. Cruzo en diagonal sin esperar al semáforo porque persiste en mí la idea de que no voy a encontrar un pijama. ¡Y lo necesitaba! Aunque durmiera acompañada, ¡no podía presentarme sin pijama!
Entro en una enorme tienda donde venden (aún está abierta) todo lo ponible y sobre todo lo no ponible. Para mi sorpresa encuentro unos shorts amarillo y una camisola a juego con unas flores amarillas. Claro que llevan un círculos grises a modo de pétalo pero es clarito y el conjunto es bastante pasable. Así que lo compro y respiro tranquila.
Cuando llego al Opencor descubro una sesión nueva de ropa interior. La hay para hombre, mujer y niños. Pero no hay mucha variedad que digamos hasta que reparo en una camisola color frambuesa. Está dentro de una caja muy fina y sólo me detengo en mirar la talla y el precio. Me parece muy mona, mucho más que el pijama que he comprado. Y como ése me ha costado tan poco y este no es caro, pienso que es casi como comprar uno sólo pero llevarme dos. No suelo comprar dos prendas similares así de sopetón pero entusiasmada como estoy (el entusiasmo de quedar se prolonga con el de conseguir la prenda y resolver lo descompuesta que soy) decido llevármelo. Y termino de comprar los avíos.
En casa me pruebo los dos. El amarillo me queda bien pero me parece un poco infantil. Pienso que el otro es much más bonito. Cuando abro la caja, veo un short con unas florecitas y me gusta. Pero cuando me pruebo la camisola es cuando me doy cuenta que en el escote lleva un encaje también frambuesa y un dibujo, una especiede muchacha y al lado "Poisson" y no sé qué más chorrada en la lengua del Moulin Rouge. ¡No me puedo poner aquello! Aparte que ya no me parexca tan bonita. Sólo me gusta el color pero no es mi estilo, es tan cani la camiseta... Y no pega nada con el pantaloncito. ¿Pertenecerán a distintos pijamas? me pregunto. ¡Claro! aquí ha habido un cambiazo en las cajas. Pero no, venía bien sellada, yo misma he roto el precinto.
Como soy optimista contumaz, me quedo tranquila porque pijama, lo que se dice pijama, ya tengo.
Me desvisto y me quedo dormida fantanseando en cómo C. me quitará el pijama..
Recuerdo que en los 80, entre tantas cosas buenas de la década, echaron los sábados una serie sobre las aventuras de unos niños al más puro estilo de Los Cinco. Recuerdo que era una pandilla de chavales que siempre vestían de azul y que andaban subidos a los árboles y enfrentándose a adultos malos malísimos. Recuerdo que se llamaba Secret Valley y antes de la llegada de Internet era capaz de tararear la musiquilla de cabecera de la serie. La recordaba con mayor nitidez que las aventuras que narraba la propia serie que llegó a tener una versión española, más pintoresca y con un profesor chiflado subido a un globo, al más puro estilo steampunk, recuerdo.
Ahora veo el anuncio veraniego de Orange y reconozco la cancioncilla en esta versión de The Countdown Children.
No supe de ella por internet, sino primeramente por J. En una de nuestras sesiones de nostalgia, en la que cada uno iba contando su infancia viendo cuánto televisiva y cinéfilamente habían coincidido (prácticamente sólo en eso), le silbé la cancioncilla y me contó la historia curiosa de esa melodía.
Se trata deWaltzing Matilda, una popularísima canción australiana que no es su himno oficial pero que todos cantan y le tienen especial cariño. Es toda una referencia del folklóre australiano desde que fue escrita en en 1895 por el poeta Andrew Barton Paterson. Podríamos decir que es su Asturias, patria querida.
En cuanto al título, podríamos traducirlo como "vagabundeando". La canción narra las desventuras de un vagabundo que acampa al lado de una laguna y mientras toma té se acerca un oveja a beber. La roba para alimentarse y el dueño llama a la policía para que lo arreste pero el vagabundo salta al agua y muere ahogado. Su fantasma seguirá oyéndose en aquellos parajes invitando a los viajeros "bailar con el altillo"o waltzing matilda. El término no tiene nada que ver con una mujer propiamente, como ven, pero sí con el nombre de una mujer: con el nombre dado a una especie de hatillo propio de quien recorre los caminos y añora a las mujeres o puede tratarse del nombre que los inmigranes alemanes daban a sus pertenencias envueltas en un saco y que en la guerra se le daba a una especie de capotillo que "calentaba como una mujer".
La letra está salpicada de expresiones típicamente austalianas, algunas coloquiales y otras en desuso, además de juegos de palabras no siempre entendibles. En el enlace de la wikipedia viene la letra y una traducción aproximada. En esta otra web se explican algunos términos. Por su rebeldía frente a las clases adineradas ha sido propuesta como himno oficial pero se rechazó y en 1984 se aprobó como himno el Advance Australian Fair, que puede escucharse aquí.
La serie sólo utiliza la melodía pues la letra se ajustaba a las aventuras de los chicos y recuerdo que el estribillo era algo así como "my secret valley".
Pues eso, sigamos recordando...
En este estupendo blog para recordar series, viene una infromación detallada sobre Valle Secreto.
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