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Siempre recibimos cuando damos.

Una canción

martes, 26 de octubre de 2010

Lo que siempre quise hacer

Ayer salí de casa a las 7.30 y volví a las 21.45. Todo el día fuera. Trabajando, almorzando y luego haciendo diversas actividades. Por cosas del ajuste de horarios me falta o me sobra tiempo; en el peor de los casos cruzo los dedos para que haya una combinación de Tussam y en el mejor de los casos doy un agradable paseo por las afueras del Parque de Mª Luisa y leo un poquillo.

Los lunes y los miércoles estoy asistiendo a clases de inglés e italiano. Los martes y los jueves doy clases de español a extranjeros y voy a natación (ejem, esto se ha quedado en un debo y no quiero, como fue lo último que planifiqué en proporción directa a las ganas que tenía: cuando llegué al gimnasio no quedaban plazas). Los viernes es mi día de descanso. Una generosa ración de sillonball para mi maltrecha columna vertebrral (extiéndese el término de maltrecho a las rodillas y a toda la espalda). Y los fines de semana son variables como el tiempo (nunca mejor dicho, ¿os habéis fijado que el buen tiempo qué está haciendo se estropea los findes?).

Recuerdo 3º de Bup como un año cultureta y en el que supe que lo que más me gustaba era precisamente lo que hago ahora: salir de casa y no regresar hasta la noche. Tener las mañanas ocupadas (estudio/trabajo actual) y tener las tardes libres. Para ir a conferencias, exposiciones, apuntarme a cursos, al gimnasio, ir de compras evitando así las aglomeraciones y anticipándome al "no quedarme sin lo que vi". Y entre cada estadía, equiparables en realidad a dos mundos contrapuestos pero imprescindibles: el trabajo me da el tiempo y el dinero para el ocio y el ocio me libera de la carga del trabajo; el almuerzo. Si en época de vacaciones adoro desayunar fuera, me encanta almorzar fuera en días laborales.

En la época de Cefoec (aquellos que me conocen, saben que fue una de mis mejores épocas de mi vida), solía quedar para almorzar algún día al mes. Ahora como fuera dos días a la semana y como es cuestión de horario me apaño con unos sandwiches. Lo que ahorro repercute en mis excursiones del Románico y los viajecitos que estoy planificando.

En realidad son días solitarios pero precisamente ese matiz es el que me distingue y sobre todo me apetece. Y como aprender es lo que más me gusta, por eso me gusta apuntarme a cursos y asistir a cosas que me interesan. Nunca entendí que para hacer tales actividades necesitara acompañante pero aún así es inevitable que me pregunten "¿y vas sóla?" o que recalquen "que no conzco" cosa que deja de ocurrir a los dos minutos de haberme sentado en algún sitio.

Sólo hay una "pega" a mi estilo de vida actual. Este blog. Ainss, qué abandonaíllo lo tengo al pobre. De la Blogosfera ando medio desconectada. Sigo algunos blogs, los que me llegan a través del Facebook, fundamentalmente, pero los ojeo desde el ordenata del departamento y poco más. Ganas no me faltan, ni temas, pero Cronos debería regalarme algunos minutejos.

jueves, 14 de octubre de 2010

El espía de Arturo

Os propongo el siguiente acertijo basado en el pensamiento lateral:

En la época del rey Arturo, un espía de Camelot, debía entrar a un castillo para poder investigar cuáles eran los planes de los enemigos, pero al llegar descubrió que las puertas del castillo estaban cerradas, así que se dijo. ¿cómo podré entrar?...ya se, esperaré y observaré cómo entran los demás...?, dicho y hecho, se escondió entre unos matorrales y se quedó observando....

Llegó un soldado a las puertas del castillo, el vigía de la torre le dijo: ¡dieciocho! a lo que el soldado contestó; ¡nueve! y abrieron las puertas..., al poco rato llegó otro soldado, el vigía le dijo ¡catorce! y el soldado respondió: ¡siete! y abrieron las puertas...., más tarde llegó otro soldado y el vigía le dijo: ¡ocho! y el soldado le respondió: ¡cuatro! y abrieron de nuevo las puertas....

El espía de Arturo que había estado observando pensó que lo tenía muy fácil para entrar, se acercó a la puerta, el vigía le dijo: ¡seis!, a lo que el espía contesto: ¡tres!...El vigía cogió un arco y lo mató...

¿Qué es lo que tenía que haber dicho el espía para poder entrar en el castillo? ¿Por qué?

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