Cuando salgo con gente que no tiene coche, en casa me obligan a tomar un taxi. Digo en casa y no especifico que me lo diga mi padre, porque son los 3 (papá, mamá y mi hermana) los que me echan indiscriminadamente el rapapolvo si se enteran que me he venido andando y sola. También debo aclarar que no me cuesta nada coger un taxi. No lo considero un despilfarro sino al revés, mi condición de no conductora voluntaria me convierte en frecuente usuaria del medio y mi carácter expansivo y dicharachero me lleva a entablar de inmediato conversaciones con los taxistas.
En alguna ocasión que otra he vuelto caminando a casa. Han sido contadas ocasiones pero reconozco que una sóla mía es una imprudencia. ¿O estoy exagerando?
Cuando surge este tema de irse andando a casa a las tantas, yo siempre bromeo sobre mí misma diciendo que ¿quién va a querer violarme? No es que me considere una mujer fea, objetivamente no lo soy y los hombres a los que les he gustado pueden acreditarlo. Pero realmente no soy una mujer objeto de violación (*). Es más, creo que el que sea, saldría por patas y no porque sepa defensa personal o lleve un spray en el bolso, sino porque lo cansaría con mi cháchara.
Pero es indudable que me produce pánico tal situación. Por eso, desde jovencita, cuando he pasado por alguna calle oscura o apartada y he notado las pisadas traseras de un hombre, siempre me pongo en lo peor. Además soy muy fantasiosa, en su vertiente peliculera, así que doy por hecho que algo va a ocurrir. Entonces me pongo rígida, tenso mi cuerpo, acelero el paso y giro imperceptiblemente el cuello sin llegar a girar la cabeza. Intento de esa manera notar los andares del que va detrás, si se acerca o si se mete en otra calle. No quiero que se me note pero acaba notándoseme que me he puesto alerta.
En ocasiones como anoche en que volvía a casa a una hora decente, me pasó a la altura de la calle Imperial. Como ya describí, es una calle de viviendas pero también tortuosa y bastante larga para ser de zona del casco antiguo. De repente me percato de que no voy sola sino que hay un hombre andando detrás mía. Hasta que no llego a la plaza de San Leandro y seguimos calles distintas no estoy tranquila. Pero creo que ha sido una intranquilidad sin motivos: la hora, el hombre creo que era de mediana edad, el sitio, ....
Por eso me pongo en la piel de este hombre y de todos los hombres en general. Aquellos que jamás harían daño a una mujer y que deben sentirse incómodos al notar que una mujer que camina de noche a altas horas camino de su casa se pone alerta al notar de su presencia. Es triste que pensemos así de ellos pero más triste aún es que no podamos andar solas de noche.
(*) Me he permitido frivolizar sobre el tema. Pero quiero manifestar que la violación es un delito, que el violador es un delincuente y que ninguna mujer del mundo, sea como sea, debe sufrir tal aberración.
Otra aclaración que hago, es que también te pueden atracar y de eso no me escaparía. Aún recuerdo el miedo que pasé con J.









Luego el
