My phrasebook

Siempre recibimos cuando damos.

Una canción

jueves, 18 de marzo de 2010

Música de anuncio (14)

Esta vez no sólo recojo una canción de un anuncio sino que traigo hasta un total de cuatro, nada menos. Son varias las canciones que me gustan y entre que me costaba decidirme y que si esperaba, el anuncio dejaba de emitirse, opto por presentarlas todas:

* Los anuncios de Philadelphia son bastante tontorrones. Los últimos variaban en escenas y diálogos pero eran del mismo estilo. Por fin lo han cambiado. Extiende que se extiende con suavidad como el encanto que desprende la canción Spread a little joy de Lauren Kennedy.

(No encuentro la letra en Internet así que la dejo aquí)

Spread a little love today
Spread a little love my way
Spread a little something to remember
Spread a little joy and see
Need a little happiness to be
Living the life with me
Spread a little joy and see
Need a little happiness to be
Living the life with me








* Este anuncio es inédito en España pero no es nuevo porque Calzedonia ya lo estrenó en Italia, origen de la marca, y no el año pasado sino allá por 2006. Cosas de la crisis. La vida de una mujer con sus alegrías y esperanzas a través de la prendas que calza. Lo mejor es la canción, esa She's always a woman, del gran músico Billy Joel .





* Los anuncios de Axe pueden ser tachados de machistas pero es un recurso facilón que no deja ver el humor que suelen tener y las situaciones surrealistas que se crean. La única pega que yo pondría es a la marca en sí, jamás saldría con un tipo que compra ese producto porque piense que va a ligar. El ultimo anuncio de Axe es bastante divertido y la canción, fácilmente reconocible (All I want is you, de Barry Louis Polisar, de la Bso de Juno), es bastante graciosa.






* Ya había puesto un anuncio del Corte Inglés y no quería repetir marca pero aunque el anuncio en sí es bonito, muy cuidado como todos los que hacen pero que este año no tiene figura contratada, es la alegre tonada napolitana en la que me fijo. Renato Carosone, el que puso melodía desde Italia a los años 50 y 60 y uno de los principales intérpretes de la canción ligera, canta esta sucesión de cumplidos a la donna: Il pericolo numero uno.



Sí, las 4 melodías tienen en común que son cancioncillas frescas, nada estridentes y que nos anuncian la fragancia de la primavera esperada. ¿Cuál os gusta a vosotros? ¿Os habéis fijado en algún anuncio? Sé que Shikilla sí ;-)

lunes, 15 de marzo de 2010

Científicos de curso legal



Quién no echa de menos aquellos arrugados billetes de 100, 500, 1.000 pesetas. Al margen de cuestiones económicas, aquellos billetes constituían un legado genuino de nuestra cultura. Mi padre solía coleccionar monedas y billetes. La colección no era grande ni importante, ni siquiera, que es lo que a mí me hubiera gustado, estaba formada por aquellos billetes que usaran mis abuelos o mis padres. No eran billetes arrugados en mil y una doblez, ni con bordes ajados cuando no roídos, tampoco encontrados en cajones de la casa de Escoberos o en el aparador verde de la casa de Juan Sánchez. Los compraba junto a sellos y vitolas en el mercado de la Plaza del Cabildo. Yo no he seguido con la colección que se mantiene intacta en voluminosos álbumes que desprenden un penetrante dulzón olor a cola.



Los niños que fuimos de los 80 sabíamos quiénes eran Falla, Bécquer o Rosalía de Castro antes de que nos hablaran de ellos en el cole. Los billetes, entonces, ya no eran tan grandes en tamaño ni tan pequeños en cantidades crematísticas (siempre me llamaban la atención billetes enormes de 50 y 25 pesetas que me recordaban al note de un millón de libras de la película de Gregory Peck) ni recogían los manipulados fastos de la historia del país entre yugos y flechas.



Me gustaba encontrarme con anotaciones en los billetes, que eran los mismos que me daba mi madre para los mandaos como quien despide un mal fario. El dinero, como se sabe, cuesta mucho y perderlo, más todavía. O no es grande la alegría cuando uno se encuentra con un billete. Alguna ventaja teníamos que tener los despistados y/o desordenados (de chica mi especialidad era encontrarme un billete dobladito de 100 pesetas en un monedero de piel de cocodrilo muy gastado que fue de mi abuela). Y no digamos ya cuando nos lo encontramos en la calle. Me refiero a un billete perdido, sin cartera y sin testigos. Eso le pasó a mi padre y hermana en una ocasión. Entraron en la pastelería Pozo de Sanlúcar de Barrameda y había una lechuga en el suelo. No había nadie en ese momento: ni clientes ni dependientas y con eso nos salieron gratis los pasteles de aquél día. Claro que en contrapartida ésa es nuestra desventaja (Yo dejé una nómina en el bus. La recuperé).


Los billetes de euros con sus colorines parecen hechos para el Monopoly. Ni siquiera repara uno en que cada billete representa una etapa del arte europeo como quiso diseñar Robert Kalina. Tan lisos, diríase que planchados por Trichet. Donde ya no se leen un TQ o un teléfono garabateado, no tienen el encanto de los de pesetas. En realidad de ninguno de los billetes patrios a los que fue sustituyendo. Los billetes son iguales en la zona euro y son las monedas -sólo en el reverso- las que presentan rasgos diferenciales con motivos que siguen los tópicos de los países pero que les imprimen su encanto. Ahí están las águilas germánicas, las arpas irlandesas, y las obras de arte italianas.

Todavía no he visto un euro austríaco con sus flores alpinas, ni los cisnes que revolotean en un euro finlandés o los muflones de Chipre. Con suerte he visto euros del Vaticano y hace tan sólo unos días, una alumna me pagó la clase con una moneda de 1 euro acuñada con la efigie de un poeta esloveno. Con el euro, no hablaremos de la inflación que hemos sufrido, se perdió la costumbre de coleccionar billetes europeos y creíamos que con el turismo y el comercio en general veríamos fluir todo tipo de monedas. Pero el rostro cervantino es el que más asoma de nuestros bolsillos. Y al que no vemos, lo denominan binladen.



En las monedas de euros abundan los símbolos y escasean los personajes, salvo los reyes. Estos últimos tan vistos y tan sobrantes podían dar paso a otras figuras. Eso ocurre en otros países no europeos donde mantienen la costumbre de homenajear a ilustres conciudadanos, aquellos que trabajaron y hicieron algo realmente importante. En ese sentido, la mayoría de nuestros personajes, como los que he citado arriba, habían destacado en el campo de las Humanidades. Después del asunto Antonio Pérez, la otra leyenda negra española es la carencia de científicos. Ramón y Cajal sí tuvo su billete y otro hubiera sido para Severo Ochoa.

No debería resultar extraño ver a científicos en los diferentes billetes de curso legal pero el que fabrica el dinero es el gobierno que se ve, por desgracia, en la imperiosa necesidad de hacer autopropaganda. En la mayoría de países se consideran más importantes a los presidentes pasados y actuales que a los que cambiaron el mundo con la ciencia y el conocimiento. En ocasiones, por fortuna, hay excepciones. Son pocos ejemplos y por eso esta web quiso recopilarlos.

Aquí aparecen una serie de científicos e inventores homenajeados en sus países de origen o vinculados a ellos (Einstein - Nikola Tesla - Pascal - Copérnico - Marie Curie):



domingo, 14 de marzo de 2010

El misterio del arte (4)

¿A qué monumento pertenece y cómo se llama el conjunto?

Es el Pórtico de la Gloria del Maestro Mateo de la Catedral de Santiago de Compostela (grupo de apóstoles en la columna de la derecha)

Acertada por Seppuku.

lunes, 8 de marzo de 2010

Y ellas... (rojos y azules brillantes)

Este año no ha habido estridencias ni horteradas llamativas, aunque viéramos a las mamarrachas de siempre envueltas en metros de tela con etiquetas. Pero es que ha reinado no ya el mal gusto que al menos es divertido y personal, sino lo anodino.

Han ido 4 tipas, la mitad sin acertar y la única que nos ha gustado es porque era la mejor en comparación, no porque destacara especialmente.

Kate Winslet no es una fashion victim e incluso dice ser rellenita (¡ja!, hace tiempo que dejaste de tener problemas con la cremallera titánica). Pero Kate es adorable por sí misma y en los últimos años su figura ha recibido inusuales dosis de glamour. Por eso nos sorprende lo bien que asiste a los Oscar en las últimas ediciones. El año pasado acertó y éste también. Una sóla pega: repite ese look años 50. Tal vez porque ha encontrado su fórmula y dirá para qué variar.

Su Yves Saint Laurent era de líneas impecables a juego con su clutch de mano, un favorecedor peinado y su eterno aplomo . ¡Te adoramos Kate!

Penélope Cruz es punto y aparte. Yo siempre he defendido lo hortera que es. Como muchas, en cuanto las dejas sueltas visten fatal. Este año dijo que no iba a preocuparse mucho por el vestido para no parecer que se veía ganadora. Eso lo comprendemos. Pero ir normalita no equivale a no acertar. Fue de rojo. Uhm, la alfombra es roja. Debe ser un traje muy espectacular para que destaque. O de los horteros a los que está afiliada Heidi Klum o de fabulosos Valentino. Eligió un rojo oscuro de Donna Karan. A mí esa diseñadora no me gusta. Es el equivalente a Liz Clairbone en pasarela, pero sin personalidad ni gusto. El traje de Pe era una cortina abullonada, el color no pegaba y ella podía haber lucido más racial.

Hubos dos colores que predominaron en la gala: el rojo y el azul. Afortunadamente no lo mezclaron en plan stars & stripes. Destacó sobre todo el azulado y los tonos brillantes. Aquí debo decir que lo que yo creía ser plateado he leído como dorado. Es cuestión de los matices de las fotos.

Normalmente agrupo a las actrices por elegantonas y mal vestidas pero es que este año..



Ni siquiera comparto la generalizada opinión del acierto de Meryl Streep. Será porque no me gusta el color blanco (menos en ciertas edades). Meryl me cae genial, no sólo es actriz fuera serie (simply the best, Tucci dixit), sino que se le ve maja y simpática, pero por vestir bien nunca ha destacado y yo siempre la veo tipo abuelita. Su traje no me gustó: ni por el escote ni por esas invernales mangas (los puños me recordaban a mis camisetas :D) Tampoco Charlize Theron. No me gustó el vestido por muy Galliano que fuera. Ni el color malva ni las rosas ésas por pechera. Incluso Maggie Gyllenhaal que siempre tiene un look desenfadado y por divertida acierta. Ese vestido estilo pareo de playa pues como que tampoco. Sólo le salvó su siempre belleza fresca y natural (adoro verla con su boca color fresa)


Me topo con una elegantona Demi Moore lo cuál es bastante raro porque lo que es buen gusto esta mujer carece de ello. La pega es que su traje rosa palo es una versión quiero-y-no-puedo del que luciera Pe hace dos temporadas y encima también es un Versace. Las visitas al Twitter la han rejuvenecido, tanto hasta adoptar esa pose de colegiala. La aprobamos con un notable.

Diane Kruger eligió un sofisticado Chanel y le sobran maneras de buena maniquí a esta nueva chica Tarantino, por lo que le damos un notable alto. Aunque en cuestión de gustos no acabo de decidirme si realmente me gusta el modelo que lució. Lo sigo viendo un poco sobrio pese a la originalidad de combinar plisados y las cintas en negro.

Otras:

(de mejor a peor)



Si la gala se define como aburrida, la alfombra roja como correcta.

Aburrimiento + Corrección = Hollywood ??!!!

Ellos

Este año los Oscar se escriben con O bien mayúscula y bien masculina. Ellos han sido los protagonistas. Los elegantes, los simpáticos de la noche, los que derrochan testosterona sin hacer alarde de ello. Los que lo dan todo y para todos hay. Para chicos y para chicas.

El primero, Tom Ford. Hasta ahora me fijaba en sus trapitos y más en su chico-fetiche, Jon Kortajarena. Esta noche me fijé en el y quiero fijarme en su película (A single man) de la que he oído buenas críticas. Con su esmoquin impecable, la barbita de tres días que no podía faltar y ese simpático detalle de la flor en el ojal puso la nota elegante y exquisita.

Peeero, para qué fijarnos en un hombre con el que no nos cruzamos en nuestra acera. Vayamos a un fijo de nuestras miradas. Jake Gyllenhaal acudió a la gala y presentó un premio. Pero fue solo y se le notaba. Jake anda ojeroso con la mirada perdía añorando a su querida Reese que ya ha encontrado sustituto. Se le veía hablando con la prensa y parecía el chiquilo asustado de Donnie Darko más que un apuesto mozo que estrena soltería (de la qué te has librado, ¡ya te darás cuenta!).

En todas las instantáneas se le ve retraído, pesaroso, forzando la sonrisa. Menos mal que se conoce la causa si no, de su cara pálida las malas lenguas dirían que el muchacho se muere de envidia teniendo a la hermana - Maggie Gyllenhaal- y al cuñado - Peter Sarsgaard- en alza (en realidad llevan buena racha seguida y a los tres se les ve congeniar). Jake, espero que hagas un buen papel en Brothers que andas perdiendo chispa.



Habiéndolo visto tantas veces con la mujer o el cuñado no reparé en él hasta verlo en An education. Fue el british look de los 60 y el personaje lo que hizo que me fijara en él. No es feo pero es un poco ojos vaca y desde luego con el pelo rapado no me gusta nada. Todo es cuestión de gustos, a Concha García Campoy le oí decir que lo prefiere así. Hablo de Peter Sarsgaard.

Los gemelos en apostura y maromismo -¡ay omá qué ricos!- fueron el tándem de presentadores Bradley Cooper y Gerard Butler. ¡Cómo estos dos nos alegraron la vista!.

El más elegante dicen que fue Robert Downey Jr. A mí me gustó como iba pero no lo llamaría elegancia, en todo caso chulería o desenfado y su presencia siempre es agradablemente llamativa. Para atuendo divertido, esto es, hortera, hay otros pero pasaron de ir. Nos perdimos las extravagancias de Johnny Depp, Daniel Day Lewis o el recuperado Mickey Rourke. Y los guapos oficiales de antaño, Brad Pitt, Tom Cruise, Jude Law, tampoco fueron.

De los mozuelos de hoy en día ni hablo. Porque el único que me pone, Pattinson, no lució por allí su tupé.

Las chicas ni brillaron, qué le vamos a hecr, Pe estuvo hortera (en el fondo lo es) y no hay nadie que me gustara, así que lo dejo para después.

Hoy, esta noche, es de ellos.

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